miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Se puede saber por qué me llamas chica Almodóvar?: Jordi de Miguel

                                      Yo quiero ser una chica Almodóvar
                                      […]
                                      apuntarme a cualquier clase de bombardeo,
                                      no tener otra fe que la piel
                                      ni más ley que la Ley del Deseo.

JOAQUÍN SABINA, Yo quiero ser una chica Almodóvar
  
Acuarela de Esther Aguilà, Autotoqueteo
Madrid, 18 de Septiembre 1995
Mi Tigre Salvaje:
¡¡Holaaaaaaa, GUAPOOOOO!!
Un amigo (bueno, mi ex) se ha llevado los mejores negativos del viaje a Grecia, donde salían las fotos más sexys, que no es porque yo lo diga pero, la verdad, no estoy nada mal en tanga. Cuando hacía top-less en la playa, todos los tíos se me quedaban mirando, los turistas y los griegos, fue un escándalo, y el otro haciéndome fotos como si nada. He intentado recuperar los negativos, pero el muy pelma se hace el loco.
         Así es que te mando ésta que no me favorece mucho, pero al menos es una foto mía, semidespelotada como te prometí. ¿Te masturbarás pensando en mí?... De fondo aparece el Tesoro de los Atenienses, en Delfos. Una maravilla…
Un día de estos te llamaré para ver cómo va tu vida. ¿Te acuerdas de la Semana Grande de Bilbao? Ay, no sabes cuánto os echo de menos, a ti y a las vacaciones.
¿Sabes que un chico de aquí, un madrileño, me venía detrás? Me di cuenta el sábado, que salí con toda la cuadrilla por primera vez desde las fiestas de Bilbao, y me puse la camisa negra, a juego con mis uñas, la faldita de cuero que tanto te gusta, las medias negras, tacones, el pelo a lo afro… Los que ya me conocían se me quedaron mirando de arriba abajo y los que no, intentaron ligar conmigo. Sobre todo, este chaval, que estuvo todo el rato muy amable y simpático, y le hice tanto caso… que se lió con otra.
         Y es que no sé qué me pasa, pero no tengo ganas de mariposear con nadie. ¿Estaré deprimida?, ¿me estaré haciendo mayor?, ¿te querré demasiado?... No sé, chico, pero estoy irreconocible, no flirteo (¿se dice así?) con nadie, y nadie se fija en mí, como mujer quiero decir, porque yo no hago nada para llamar la atención. No tengo ganas, sólo quiero estar contigo.
         Hace unos días te eché de menos más de lo normal, y por motivos más… físicos. ¿No piensas venir a dar una vuelta por la capital, cariño mío, a ver la movida madrileña? Si vienes, espero que estés en forma… Cuando te apetezca, ya sabes que tienes mi casa a tu disposición, ¡y mi cama, claro! Yo no sé si es que te quiero o que me follas muy bien…, pero da igual, el resultado es el mismo.
         ¿Conoces el chiste, no? Es una chica hablando con su mejor amiga: “Yo no puedo beber mucho alcohol, que se me baja a las piernas”. Y la amiga, preocupada: “Huy, ¿te las pone pesadas?”. “Noooo, ¡me las abre!” Bueno, pues tú ejerces sobre mí el mismo efecto. Como te dije por teléfono, aquí me tienes, cariño mío, esperando tu llamada, tu carta, tu visita, tu polla… ¡huy, perdón! Bueno, tú ya lo sabes, ¿no? Ya sabes que me muero por abrazarte, por besarte, por comértela, porque me la metas hasta hacerme chillar de dolor y placer, y porque te corras dentro de mí. Se me derrite el chocho sólo de pensarlo.
Ahora lamento no haberte permitido que me marcases el cuello, como a una vaca, antes de separarnos. Al menos así habría tenido durante un tiempo algo tuyo en mi cuerpo, aparte de las agujetas que me dejaste en las ingles durante toda la semana.
         No puedo escribirte más porque estoy agobiada a trabajillos, todos cutres y mal pagados (¡malditas editoriales!), pero que me tienen en danza todo el día. Me estoy pensando si vuelvo a Londres a currar de camarera, porque ya veo que aquí no hay manera de encontrar un trabajo decente. En fin, cuando tenga más tiempo ya te escribiré una carta más larga.
         Bueno, espero que te hayas hecho una paja con mi foto. Por mi parte tengo que calmarme, voy a tomarme una tila o algo así porque entre la calentura que me ha entrado escribiéndote esto y que no sé qué me pasa que estos últimos días duermo muy mal… ¿Tú sabes cómo me he puesto? Me sube una cosa desde la barriga, unos ardores… Es un asco, estoy cachooonda, cachonda, cachonda como una perra en celo. ¿Será que me tiene que venir la regla?...
         Creo que me voy a masturbar pensando en ti, ¿quieres que te cuente cómo?... Primero me toco entre las piernas por encima de las braguitas, pero no me toco la hucha, no, bruto, sino justo allí, en el espacio que dejan entre sí los muslos cuando se unen al vientre. Es un sitio suave, muy suavecito… Después sí me acaricio la vulva, primero con dulzura, hasta que se abre como una flor en primavera, y cuando empiezo a jadear, lo hago con más fuerza y aparto las braguitas. Me meto un poquito el dedo, sólo la puntita, animal. Entonces me bajo las bragas y me chupo los dedos de las dos manos. Con la izquierda me toco los pechos, primero por abajo, dibujo sus formas redondas y luego paso un dedo por el centro muy despacito. Dios, cómo me gusta tocarme con los dedos mojados, es como si fuese tu lengua, es tu lengua. Luego me pellizco, primero un poco, luego más fuerte. Mientras tanto, con la mano derecha me toco la pepitilla y, ahora sí, me meto los dedos índice, corazón y anular, los tres juntos, y me voy excitando cada vez más, hasta que me olvido de que estoy sola…, y entonces estoy contigo y me estás dando caña a saco, Paco, como sólo tú sabes, y me gusta tanto, tanto… que me corro, ¡cabronazo!
Bueno, ¡hala!, pues ya está. Un besote con lengua (bueno, uno no, dos o tres, o muchos), un mordisco en el cuello, cientos de morreos, miles de caricias por todo tu cuerpo y todo lo que haga falta, y… ¿querrás que te la coma cuando nos veamos, cariño mío, en recuerdo de los viejos tiempos?
Siempre tuya, 
Bea

         (En cuanto a lo que me dijiste de chupártela en la estación, ¿te acuerdas?..., ¿si no te la como no vas a venir?... Entonces no me dejas otra opción, abusador. Te haré una buena mamada, de las que a ti te gustan, en cuanto lleguemos a casa, ¡PERO NO EN LOS LAVABOS DE LA ESTACIÓN, NI EN LA DE TREN NI EN LA DE AUTOBUSES! ¡NI EN NINGÚN LUGAR PÚBLICO, QUE YA TE CONOZCO, ¿EH, CERDO?!)

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